Documento de referencia: Gobernanza y gestión de instituciones de la Iglesia, Domènec Melé. Conferencia Episcopal Ecuatoriana, 22 de octubre de 2026.
1. Una observación fundamental
La propuesta de Domènec Melé constituye un aporte importante para mejorar la administración, la transparencia y la responsabilidad de quienes gobiernan las instituciones eclesiales; sin embargo, presenta una limitación que merece especial atención: estudia principalmente cómo deben funcionar las instituciones, pero desarrolla mucho menos cómo deben conocer, comprender y relacionarse con los pueblos y las comunidades a cuyo servicio existen.
Esta diferencia es fundamental. Una diócesis no es solamente una organización que necesita administradores competentes, recursos económicos, controles y procedimientos. Es una Iglesia particular que vive en un territorio, entre pueblos con historias, culturas, lenguas, formas de organización, necesidades y experiencias religiosas diferentes.
Antes de preguntarse cómo administrar una diócesis, resulta necesario preguntarse ¿Conocemos verdaderamente a los pueblos que forman nuestra diócesis? ¿Comprendemos su historia, sus necesidades, sus conflictos, sus formas de convivencia y sus maneras de expresar la fe?
Sin este conocimiento, una institución puede estar perfectamente organizada y, sin embargo, resultar pastoralmente distante de las personas a las que pretende servir.
2. Principales debilidades y limitaciones de la propuesta
Las siguientes observaciones son una lectura crítica del documento. No significan que el autor rechace estos aspectos, sino que algunos aparecen poco desarrollados o no reciben la importancia que podrían tener en una propuesta de gobierno pastoral.
a. Predominio de una visión administrativa
El documento utiliza conocimientos procedentes de la administración de empresas, universidades, hospitales y otras organizaciones; estas herramientas pueden ser útiles, pero presentan un riesgo: trasladar a la Iglesia modelos diseñados para alcanzar objetivos institucionales sin considerar suficientemente su naturaleza comunitaria, cultural y evangelizadora.
Debilidad: se explica cómo organizar mejor la institución, pero no se desarrolla con igual profundidad cómo conocer y acompañar a las comunidades.
Una parroquia puede tener presupuestos correctos, archivos actualizados y actividades programadas, pero carecer de vínculos reales con sus comunidades.
b. Insuficiente conocimiento de la realidad cultural
El documento reconoce la importancia de la adaptación al entorno, pero trata principalmente esta cuestión desde las necesidades de funcionamiento de la institución; no desarrolla una metodología para estudiar las culturas, la historia, las relaciones sociales y las condiciones de vida de los pueblos que integran una diócesis.
Debilidad: la cultura aparece principalmente como cultura interna de la organización, no como la diversidad de culturas de los pueblos que constituyen la Iglesia particular.
Esta distinción es decisiva, no es lo mismo estudiar la cultura administrativa de una curia diocesana que comprender las culturas de las comunidades indígenas, afroecuatorianas, campesinas, mestizas y urbanas que forman parte de una diócesis.
c. Participación limitada por la estructura de autoridad
El autor defiende la participación y la subsidiariedad; reconoce que es necesario escuchar, consultar y distribuir responsabilidades; sin embargo, mantiene como punto de partida la estructura institucional existente.
Debilidad: no profundiza suficientemente en cómo las comunidades pueden participar en la identificación de problemas, la elaboración de prioridades pastorales y la evaluación del ejercicio de la autoridad.
La participación puede convertirse en una formalidad si las autoridades escuchan, pero las aportaciones de las comunidades no tienen consecuencias en las decisiones.
d. Insuficiente análisis de las relaciones de poder
El documento aborda los abusos de autoridad, la corrupción y los conflictos de intereses, especialmente en la administración económica; no obstante, dedica menos atención a otras formas de concentración del poder: el clericalismo, la exclusión de los laicos, la imposición de criterios culturales o la dependencia excesiva de las decisiones de una autoridad.
Debilidad: el problema del poder no se reduce a la utilización indebida del dinero.
También existe cuando se impide participar, se descalifica a quienes discrepan, se desconocen las capacidades de las comunidades o se utilizan las responsabilidades religiosas para mantener privilegios.
e. Una comprensión poco desarrollada de la evangelización en contextos diversos
El autor afirma correctamente que la misión debe orientar toda la actividad institucional, sin embargo, no profundiza en cómo esa misión se comprende y se realiza en culturas diferentes.
Debilidad: falta una reflexión sobre la inculturación del Evangelio.
Evangelizar no significa trasladar mecánicamente las mismas actividades, expresiones religiosas y formas organizativas a todas las comunidades. Significa anunciar y vivir el Evangelio dialogando con las culturas, reconociendo sus valores, comprendiendo sus conflictos y promoviendo su transformación a la luz del mensaje de Jesús.
f. La evaluación se concentra en la coherencia institucional
El documento propone evaluar resultados, responsabilidades, recursos y fidelidad a la misión, pero queda pendiente una cuestión fundamental: ¿quién determina si una institución está cumpliendo realmente su misión?
Debilidad: falta desarrollar instrumentos de evaluación desde la experiencia de las propias comunidades.
No basta con que una diócesis evalúe a sus parroquias mediante informes administrativos o estadísticas sacramentales; también, debería escuchar a los jóvenes, las familias, las mujeres, los campesinos, los pueblos indígenas y afrodescendientes, las personas empobrecidas y quienes se han distanciado de la Iglesia.
3. La cuestión que falta desarrollar: conocer los pueblos antes de organizar la pastoral
Una diócesis no es culturalmente uniforme, en el caso ecuatoriano, una misma Iglesia particular puede reunir comunidades con experiencias históricas y sociales muy diferentes, por ejemplo:
La comunidades indígenas andinas.- pueden conservar formas propias de organización comunitaria, autoridades tradicionales, relaciones con el territorio, prácticas de reciprocidad, lenguas y memorias colectivas. La pastoral necesita comprender estas realidades sin reducirlas a expresiones folclóricas.
Las comunidades afroecuatorianas.- su historia, memoria de resistencia, expresiones culturales, relaciones familiares y experiencias de discriminación plantean necesidades pastorales específicas que deben ser conocidas y escuchadas.
Las comunidades campesinas y rurales.- su vida puede estar marcada por la agricultura, las relaciones vecinales, las dificultades de transporte, la migración, la economía familiar y la organización local. Las actividades pastorales deben responder a esas condiciones concretas.
Las comunidades urbanas.- La movilidad, el trabajo, la diversidad de experiencias familiares, la educación, las redes digitales y el debilitamiento de algunos vínculos comunitarios plantean otros desafíos.
Estas descripciones son ejemplos de ámbitos que deben investigarse, no características que puedan atribuirse por igual a todas las personas de cada comunidad. El desafío pastoral consiste en reconocer que una misma organización eclesiástica debe servir a realidades humanas diferentes, sin imponerles una única manera de comprender, organizar y expresar la vida cristiana.
4. Qué debería conocer una diócesis sobre sus pueblos
Se debería incorporar a la gobernanza eclesial una etapa previa y permanente de conocimiento de la realidad.
| Ámbito de conocimiento | Pregunta fundamental |
| Historia | ¿Cómo se formaron estos pueblos y qué acontecimientos marcaron su vida? |
| Cultura | ¿Qué valores, tradiciones, lenguas y formas de convivencia mantienen? |
| Organización social | ¿Cómo toman decisiones y quiénes representan a las comunidades? |
| Economía | ¿De qué viven las familias y cuáles son sus principales dificultades? |
| Educación | ¿Qué oportunidades de formación tienen niños, jóvenes y adultos? |
| Relaciones de poder | ¿Qué desigualdades, conflictos o formas de exclusión existen? |
| Religiosidad | ¿Cómo comprenden y expresan la fe? |
| Vida comunitaria | ¿Qué fortalece o debilita la cooperación entre las personas? |
| Expectativas | ¿Qué esperan las comunidades de la Iglesia? |
Esta investigación no debería realizarse únicamente mediante estadísticas, encuestas o informes elaborados desde las oficinas diocesanas, es necesario visitar las comunidades, escuchar sus relatos, dialogar con sus organizaciones, conocer su memoria histórica y permitir que ellas mismas participen en la interpretación de su realidad; no se trata de estudiar a los pueblos como objetos de investigación, sino de reconocerlos como protagonistas de su historia y de la vida de la Iglesia.
5. Una propuesta complementaria: gobernanza pastoral desde la cultura de los pueblos
El documento de Melé organiza su propuesta alrededor de cuatro dimensiones: metas, adaptación, integración e identidad y culturas; este modelo puede ampliarse mediante una dimensión transversal: el conocimiento histórico, social y cultural de las comunidades:
Conocimiento de los pueblos.- Historia, culturas, necesidades, relaciones y aspiraciones.
Escuchar.– Conocer las experiencias y necesidades de las comunidades.
Comprender.- Interpretar la realidad con sus protagonistas.
Discernir.- Contrastar la realidad con el Evangelio.
Actuar.- Organizar respuestas pastorales compartidas.
Evaluación comunitaria.- ¿Qué ha cambiado en la vida de las personas y de la comunidad?
Este esquema no sustituye la necesidad de una buena administración. La sitúa dentro de un proceso pastoral más amplio. El presupuesto, la organización de los sacerdotes, los consejos pastorales, la catequesis y las actividades diocesanas deberían responder a prioridades que surjan de este conocimiento compartido.
6. Desventajas y riesgos de aplicar el modelo sin adaptación cultural
Si la propuesta administrativa se aplica sin un conocimiento suficiente de los pueblos, pueden producirse varias consecuencias:
Uniformidad pastoral: las mismas actividades, horarios, métodos y celebraciones se establecen para comunidades con necesidades diferentes.
Centralización: las decisiones se toman desde la curia sin suficiente conocimiento de la realidad local.
Distanciamiento: las personas perciben a la Iglesia como una institución externa a su vida cotidiana.
Pérdida de identidad cultural: algunas expresiones comunitarias pueden ser ignoradas o sustituidas sin un discernimiento adecuado.
Clericalismo: la comunidad queda reducida a recibir servicios religiosos, en lugar de participar activamente en la misión.
Sacramentalismo: el número de celebraciones o sacramentos administrados termina utilizándose como principal medida de la actividad pastoral.
Desperdicio de recursos: se financian proyectos institucionales que no responden a las necesidades más importantes de la población.
Estos son riesgos posibles, no resultados inevitables de la propuesta de Melé. Precisamente, su insistencia en la misión, la subsidiariedad y la participación ofrece puntos de apoyo para evitarlos.
7. La gobernanza en la diócesis como Ibarra -ejemplo-
En una diócesis que comprende territorios andinos, rurales, urbanos y comunidades culturalmente diversas, no sería suficiente establecer un único plan pastoral elaborado desde el centro administrativo. Un trabajo más completo debería comenzar por conocer las distintas realidades parroquiales, sus historias y las relaciones que mantienen entre sí.
Se puede indicar, la pastoral de una comunidad afroecuatoriana del Valle del Chota, de una comunidad indígena de Otavalo, de una parroquia urbana de Ibarra o de una comunidad rural de La Carolina puede compartir la misma misión evangélica, pero necesitar métodos, prioridades y formas de participación diferentes.
En cada lugar habría que preguntar qué problemas preocupan a las familias, qué formas de organización comunitaria existen, cómo participan los jóvenes, qué papel desempeñan las mujeres, cómo se transmiten las tradiciones y qué relación mantienen las personas con la Iglesia.
Esto permitiría pasar de una pastoral organizada principalmente desde la oferta institucional (celebraciones, cursos, sacramentos y actividades) a una pastoral construida también desde la vida concreta de las comunidades. La diócesis conservaría su unidad, pero reconocería la diversidad cultural y social de sus miembros.
Para un gobernanza pastoral
La principal contribución de Domènec Melé consiste en recordar que las instituciones eclesiales necesitan profesionalidad, responsabilidad, transparencia y mecanismos de control. Son exigencias indispensables. Sin embargo, una propuesta de gobernanza pastoral necesita ir más allá de la administración. La Iglesia no es primero una estructura que debe mantenerse y después una comunidad a la que debe atender. Su razón de ser está en la comunidad convocada por el Evangelio y enviada a vivirlo en medio de los pueblos; por esto, conocer la cultura de los pueblos no es una tarea secundaria ni una simple estrategia para mejorar la eficacia de las actividades religiosas, es la condición para comprender a las personas, respetar su dignidad, reconocer sus capacidades y anunciar el Evangelio de una manera que pueda dialogar con sus experiencias.
La historia de los pueblos, sus lenguas, sus formas de convivencia, sus conflictos, sus necesidades y sus aspiraciones no pueden quedar fuera de las decisiones pastorales, como tampoco, basta con conocer esas realidades desde fuera; las propias comunidades deben participar en su interpretación y en la construcción de las respuestas, de esta manera, la gobernanza eclesial dejaría de entenderse solamente como el conjunto de procedimientos necesarios para dirigir correctamente una institución y se convertiría en una práctica de comunión, discernimiento y responsabilidad compartida.
¿Estamos organizando a los pueblos para que sostengan nuestras instituciones religiosas o estamos organizando las instituciones de la Iglesia para acompañar a los pueblos en la construcción de comunidades que vivan el Evangelio? Esta pregunta permite completar la propuesta administrativa con una perspectiva histórica, antropológica, cultural y pastoral, porque una Iglesia puede conocer perfectamente sus cuentas, sus edificios, sus reglamentos y sus estructuras, sin embargo, conocer muy poco (nada o mal) la vida de los pueblos que la constituyen.
No se puede gobernar pastoralmente una realidad que no se conoce; tampoco se puede construir una comunidad cristiana sin escuchar, comprender y reconocer a las personas que la forman.