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El esfuerzo del pionero, de quien nada en contra de la marea,
Y habla de su amor que siempre le acompaña

El sentir fecundo del libro,
ser parte del trance y de la emoción de la palabra

el proceso de la locura al perder al hijo.

Ayer acompañé a un cuerpo a su sepultura,
ayer dejé un cuerpo en mis manos de ladrillo
en la soledad…
ayer dejé mi aliento en bóveda muda,
tras la luz, mi agonía,
tras la muerte los despojos…
un sudor a sal y la amargura…
un olor a viento gélido y picante,
mas mis ojos desbaratados,
podridos en lágrimas, fríos…,
terminan encerrados al vacío en latas
un corazón insaciable…
mil cábalas, un solsticio escrito en la pared
con granito, con el eco de un amor
un bisturí y azafrán…
cómo me trastorna tu deceso
y es que tu ausencia es mi fantasma,
tras la puerta tu voz…
mi demencia: las ansias de encontrarte amor mío, hijo mío.