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 El
poeta norteamericano Langston Hughes (1902-1967) dice, en uno de sus obras, “aunque
yo soy América” (según cita Denzel Washington en el filme El gran debate, 2007). La frase, que de seguro se puede entender de
muchas formas, tiene un especial matiz de reclamo y de reto. Reclamo
reivindicativo por la exclusión o la marginación de unos derechos o de unos privilegios
que debería ser para todos y que han sido capturados o secuestrados por un
grupo que los disfruta, porque se ha hecho con el poder (los blancos europeos
colonialistas, en el caso al que se refiere Hughes). Y es un reto para hacerse
cargo de las situación de parte de los excluidos (los hombres transportados en
contra de su voluntad al nuevo continente (América) desde la tierras del
África, para explotar su trabajo y explotar la tierra).
El sueño
de la “América”, un sueño europeo diseñado por europeos para europeos, construido
encima de cualquier otro sueño, destruyendo y satanizando cualquier otro sueño,
no solo de la tierra “descubierta”, la América, sino de otras tierras (como el
África). Un crimen por el cual no han sido jugados los culpables, y es que ni
siquiera consta como crimen ¿por qué?
¿Por qué
la “civilización” tiene solo color europeo?, mejor todavía, ¿Por qué la
“verdad” tiene solo color europeo? Es cierto, la forma de comunicar a lo
europeo (el libro: ciencia y técnica) configura el aura que hace aparecer todo lo demás como inferior. Pero, aunque nosotros tenemos sueños. ¡Y
nosotros si somos América! ¡Esclavizados en la propia tierra! ¡Estigmatizados
en la propia casa! ¡Se puede imaginarse tal descaro! Ciertamente, la hazaña
merece ser reconocida, al fin y al cabo la astucia es el arma del enemigo.
Obviamente, no se deben confundir los instrumentos con las intenciones.