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El Doctor Raymundo ha escrito “no soy su amigo” y al leer semejante declaración casi me pongo a llorar; lógicamente, no solo por la negativa de amistad del susodicho médico, sino por constatar, un vez más, aquella enfermedad que provoca el desconocimiento y el desinterés por el otro; al punto de convertir al ser humano en “algo”, que solo encuentra determinación con el uso que se le puede dar, de esta manera se trasforma a las personas en objetos manipulados por los intereses.      
Luego, encontré que los tales proyectos que mencionaba el interlocutor de faccebook, “Hospital de Otavalo o Centro de Convecciones cinco estrellas”, no eran más que unas ideas u opiniones –posiblemente con fundamento en promesas-, incluso, en el último caso, casi un cuento de señoras que se encuentran en el mercado y que no saben qué hacer con el aburrimiento. Además, entra en juego otra opinión –siempre en el mismo medio de comunicación- que sugiere, para mejorar Otavalo, construir un nuevo mercado.
El tema ha llevado indirectamente a la administración Municipal, donde, sinceramente, es lastimoso que el mencionado gobierno se consuma de esa manera (entre dimes y diretes, como deja entrever las sospechosas acusaciones); la administración debería volver a su propuesta de un tiempo: desarrollar eficazmente el turismo como eje de producción: una producción limpia que beneficie a todos.
Por su parte y para terminar con este asunto, el susodicho médico reafirma su condición de natural de la tierra, también hace notar su profesionalismo en relación a los servicios del Hospital que, según su opinión, justificarían la construcción de una nueva infraestructura; comparto los sentimientos del Cirujano por mejorar las condiciones, competencias y el trato en la atención a las personas que acuden al servicio público de salud; ciertamente, una mejora en estos ámbitos evitaría acudir a los sistemas privados paralelos, que son costosos; pero, el deseado mejoramiento no comienza con la construcción de una nueva infraestructura sino con una opción por la persona, a la cual no se le pude tratar como un objeto, por ejemplo: despreciándolo porque piensa diferente, no reconociendo su identidad o usándolo para obtener alguna ganancia, entre otras cosas que podrían mencionar.